Comunicación efectiva

Te has preguntado alguna vez ¿por qué tenemos dos oídos y una boca? Seguramente ya lo has leído o escuchado, no es nada nuevo. Sin embargo, es importante analizar la manera en cómo nos comunicamos.

Para empezar cuando estas hablando con una persona ¿tú eres el que habla más? ¿dejas que la otra persona comparta su opinión por completo o constantemente la interrumpes? ¿consideras que la opinión de interlocutor es tonta y no vale la pena escucharla?

Si todas las respuestas a las anteriores preguntas fueron sí, te resultará muy interesante esta reflexión. Posiblemente no siempre se pueda tener una actitud arrogante y egoísta de no escuchar a las otras personas, pero hacerlo de manera constante ya es perjudicial. Entonces ¿cuál es el secreto para tener una buena comunicación?

Santiago 1.19-01

De este texto, se pueden obtener muchas conclusiones, pero lo interesante es darnos cuenta, que para comunicarnos, debe haber primero disposición para escuchar. Puede que a más de uno le haya pasado que su amigo los busca con mucha desesperación porque necesita decirles algo, habla y habla y no se detiene para que tú digas algo, eso no es comunicación, posiblemente sea un monólogo y termine dando sus cinco puntos.

En la primaria nos enseñan que una comunicación esta compuesta de un locutor y un interlocutor, quienes componen la comunicación constantemente cambian de una función a otra. Esto por supuesto es ver la comunicación de manera simple. Tan simple que lo pasamos por alto, no dejando que las otras personas expresen su opinión de manera equitativa, hablando y hablando hasta el cansancio, ¿será esto correcto?

Por eso comienza el texto diciendo: “pongan atención” (dando a entender que es muy importante lo que va a decir). Si quieres entablar un diálogo, debes estar dispuesto a escuchar, y escuchar no significa oír, significa analizar, valorar y entender lo que la otra persona me está diciendo.

Imagina que todos se detuvieran a escucharse, ¿cuántos malentendidos se evitarían? Disminuirían las discusiones y gritos. Es chistoso cuando se está discutiendo y las dos personas se cierran en dar su punto de vista a gritos y enojos sin darse la oportunidad de escuchar la opinión del otro. Es chistoso pero triste, pensemos en una comunicación de dos, no de uno.

Mi opinión es igual de importante que la otra persona que me está escuchando; el versículo concluye diciendo, que no estemos dispuestos a enojarnos y hablar mucho. Creo que sí estamos molestos es mejor no hablar, nadie en un estado así puede decir cosas coherentes o de valor. En ese estado, utilizamos palabras hirientes y agresivas, que no buscan resolver la situación, solo afectar a nuestro oyente.

Es mejor, mantener la calma y buscar otro momento para continuar el diálogo; suena difícil de ejecutar, pero créeme que notarás mejoras en tus relaciones diarias.

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